¡Gracias por tu tiempo!

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jueves, 23 de julio de 2009

TÚ eres mi musa

Hace unas cuantas horas, a eso de las 11 de la noche, me sentía sólo, invisible, desnudo ante las miradas de la gente. Quería volver a sentirme observado, así que ingenié un modo de que la gente, inconscientemente me mirara. Estaba en la terraza, y una luz verde al fondo de la playa, justo al final del rompeolas me abrió los ojos y llamó mi atención: debía ir al faro. Todos los que paseamos por la playa o cerca del mar, inconscientemente miramos aun que sólo sea una mínima fracción de segundo al faro. Armado con lápiz y papel, emprendí mi caminata hacia él. Después de andar alrededor de 2 kilómetros y medio, llegué al faro, me senté y fije la mirada en una estrella, la más brillante de todas, e intenté pensar en qué escribir. Pero algo ocurría, pues de mi mano, la cual sostenía el lapicero, no fluían las palabras. Algo rondaba mi cabeza, algo me mantenía entretenido… Pasé alrededor de 2 horas allí sentado, en las faldas del faro, con la mirada perdida y tan sólo escuchado el gemir de las olas golpeando contra las rocas. Indignado, volví a casa, con la frustración de que había tirado 2 horas de mi vida a la basura. Llegué a mi casa, me desvestí, me puse un pantalón corto de pijama y me tumbé en mi cama. Las horas pasaban, pero no conseguía conciliar el sueño.
Y de repente mi vida se llenó de inspiración. Infinidad de ideas recorren mi cabeza, tantas que no sé por dónde empezar. Supongo que resulta un poco patético el que una persona no concilie el sueño, y a las 4:55 de la mañana se ponga a escribir, pero las musas son así, tan pronto vienen como se van. Yacido en mi cama trataba de poner la mente en blanco, concentrado en el ruidoso ventilador situado sobre mi cama.

Y entonces ella entró por mi ventana, como un hilo de luz dorada, e invadió mi cabeza de pensamientos. Era la musa más bella que en mi vida había visto; cabellos largos y dorados, ojos castaños con un ligero toque cobrizo, boca de fresa cautivadora. Todo lo que se puede desear de una mujer, ella lo tenía. Han pasado ya 20 minutos desde que ese hilo de luz, junto con la sensación de frescor en mi cuerpo en una de las noches más calurosas de lo que llevamos de verano, me poseyó, y se me han pasado volando, como si fueran 20 segundos. Y, sinceramente, espero que ella se quede conmigo mucho tiempo, por lo menos 6 días más.


FUAN

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